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Privacidad en tiempos de ubicuidad

// March 16th, 2009 // 1 comentario » // Posts

Excelente broma acerca de

Hace unos cuantos meses, un conocido me planteó su inquietud sobre la captura fotográfica de él junto a su pareja en un evento público. Su postura era simple, concisa y bastante contundente:

“Yo no quiero que aquello que esté haciendo sólo o con mi pareja sea material de vista y uso público”.

En principio estuve absolutamente de acuerdo. Todos tenemos el derecho de negarnos a formar parte de un archivo fotográfico u audiovisual. Yo personalmente, también evito ese tipo de circunstancias. Pero a su vez, ¿cómo es posible cuidar “nuestra imagen” en un evento que ocurre en un lugar público y con múltiples asistentes?

Situémonos en un hipotético.

Estamos en una reunión con amigos y conocidos en un lugar público.  Como buen evento, varios querrán  hacer un registro visual (para mostrarlo en su red favorita y sin copyright, para evitar complicaciones). Podremos hacerle el quite a una que otra captura, pero no a todas. Acto seguido, aquella imagen donde salimos, debido al nivel de exposición y la redes de contacto que uno puede alcanzar (como otros invitados) seguramente causarán el etiquetado de la imagen y nuestra participación de tal evento.

El actual estado de la web nos entrega una red donde no sólo se almacena información, sino que además se vinculan y generan nuevos contenidos y conexiones. Y tomando en cuenta que nuestra presencia en la Internet también es considerada “información”, estamos sujetos a ser vinculados y que terceros generen material refiriéndose a uno. Es esa interacción lo que trae para varios el siguiente problema:

Hace unos años estábamos acostumbrados a tener niveles de separación mayor entre nuestros diversos planos vivenciales (laboral, familiar, amistades, estudiantiles). Incluso un mismo plano tenía múltiples “capas” donde estructurábamos a nuestros conocidos. En el caso de las amistades, podíamos tener amistades laborales, de colegio, de universidad, etcétera. Pero Internet -para bien y/o para mal- ha fomentado el desmantelamiento de tales “planos” y el traspaso de información entre las mencionadas capas. Gracias  a las redes sociales diversos aspectos de nuestras vidas pueden conjugarse fácilmente (en comparación a tiempos pasados), y el concepto de privacidad que otrora manteníamos hoy lo hemos perdido gracias al fenómeno de la ubicuidad, potenciado (en Chile al menos) principalmente por Facebook.

Nuevamente, es uno de los costes de la globalización. Actualmente estamos viviendo un cambio relacional y conductual de cómo establecemos nuestros patrones de privacidad. Si bien legalmente estaba pobremente relativamente estructurado los conceptos de Intimidad y Vida Privada (como lo señala un añejo pero buen paper de Matías Gazitúa, Claudio Salinas y Hans Stange), hoy es necesaria una nueva regulación sobre este tema, que muestren las directrices a seguir sobre hipotéticos y potenciales elementos que faciliten la ejecución o realización de delitos, así como nuevas formas de delitos derivadas de esta nueva forma de información disponible e  interacción con terceros. Pero saliéndome del área legal (tema que personalmente no manejo con pericia y prefiero omitir al respecto), el problema en sí no es la violación a la privacidad, sino cómo nos comportamos en lugares públicos. Es nuestra conducta con terceros y la forma en cómo nos relacionamos la piedra fundamental de cómo nuestra actual “privacidad” en espacios públicos se conforma. Y esa privacidad que antes tenían nuestros padres, ahora sólo la podremos encontrar en nuestras casas y con el computador bien apagado.