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Modern Warfare 2

// November 9th, 2009 // Sin comentarios » // Posts

SoapPor lo general, los “juegos de disparo” (FPS) no sobresalen por su narración. Siempre responden a una línea simple, donde uno como buen soldado raso se dedica a matar, avanzar etapas en diversas dificultades, y cuya vida útil se prolonga en el modo multijugador.

Son contadas las excepciones a esta regla, e Infinity Ward rompe el molde.

Pero antes de seguir, te recomiendo que conozcas la historia de Modern Warfare para disfrutar completamente este juegazo.

Saliendo del chovinismo

Una de las principales críticas de la saga “Call of Duty” es el excesivo chovinismo en su trama. El concepto “bueno-malo” siempre ha sido patente en sus personajes, y es posible apreciarlo en su lado histórico (Call of duty I, II, III, World at War) como en la primera parte de la versión contemporánea (Modern Warfare) del famoso shooter. En pocas palabras, nazis,  japoneses y terroristas (musulmanes, era que no) eran abordados mediante el  estereotipo de enajenación, mientras que los aliados -exceptuando a los rusos, a quienes se les muestra como un grupo un tanto sanguinario- son los ejemplos de moral y compañerismo.

Al abrir este juego tenía tal prejuicio. Y me desilusioné gratamente de esa faceta mientras avancé en la historia, porque por primera vez, podrás sentir que la trama ha sido muy estudiada para otorgarle una vida mayor a estas dos partes. Pareciera que Robert Ludlum (creador de la saga Bourne) se hubiese tomado la historia del juego, dándole más profundidad al universo de Modern Warfare.

Flawless

Hablar de la mecánica de Call of Duty es un tanto redundante. Es como preguntar -en buen santiaguino- si los churrascos italianos de la Fuente Suiza son buenos (o si en el Persa Bio-Bio roban las billeteras). Los tipos llevan años haciendo shooters y se nota la experiencia de ellos. Frente a eso, el apartado técnico es bastante “simple” y usual para los amantes del género.  Junto con el modo historia (que fácilmente terminas en unas 8-9 horas), el fuerte de esta saga -así como gran parte de los FPS- es el multijugador, donde podrás disfrutar otros modos para darle más vida al juego , tanto solo como en compañía de amigos, en tu casa o a través del sistema online.

¿La ventaja entre una y otra consola? Xbox Live no permite jugar los modos para multijugador hasta la medianoche del 10 de noviembre (con cuenta gratuita), mientras que Playstation Network sí permite tal gracia. Una gran ventaja si compraste el juego antes de tiempo. Actualización: Me contaron que han estado baneando gente de Xbox360 por jugar el modo multiplayer con fecha previa al estreno, una ele para Microsoft.

De todas formas, mediante los canales oficiales del juego en Twitter  (@fourzerotwo e @infinityward) ya avisan que estarán realizando partidas entre jugadores a contar de la medianoche del 10 de noviembre.

Conclusión

COD:MW2 no es un juego para niños o recién aparecidos en el mundo de los videojuegos. Su tónica es altamente violenta, si bien no posee el nivel de desmembramientos del épico “Soldier of Fortune” y la historia está lejos de ser “apta para todo público”, especialmente en la escena en el aeropuerto ruso (la que puedes decidir jugar o no).

A pesar de ello, la experiencia de EA & Infinity Ward es loable, aunque el fuerte y su longevidad serán principalmente las misiones en multijugador, por lo que, si eres un gamer con experiencia y no te molesta la narración, el MW2 llenará tus expectativas, mientras que si el trabajo o la falta de tiempo no te deja espacio suficiente para disfrutarlo, ambos videojuegos podrán entregarte una muy buena historia.

En pocas palabras: un imperdible.

Actualización: Al parecer hay problemas en la entrega de Modern Warfare 2 en Chile debido al paro en Aduana. @Carolafuentes está hablando al respecto en su Twitter.

Más info:

Se buscan maestros

// April 12th, 2009 // 4 comentarios » // Posts

Mientras realizaba una serie de artículos para una empresa, me tocó charlar con dos personajes bastante interesantes. El primero fue Claudio Saldías, profesor encargado de coordinar el proyecto Enlaces en un colegio de Puente Alto, y el otro fue Nibaldo Gatica, director de Enlaces en la zona centro-sur.

Dentro de las notables apreciaciones sobre el uso tales herramientas en las aulas (qué mejor que un profesor te ilustre acerca el tema), e independiente de las distintos matices que cada uno entregaba sobre las TICs y el uso con los educandos, hubo una frase que salió calcada de ambos:

La tecnología no sirve si los profesores no saben cómo utilizarla.

Curiosamente, hace poco menos de un mes fue liberado el reciente resultado de evaluación docente entregado por el Ministerio de Educación, proceso que calificó a 16.019 docentes de nuestro país. Quise quedarme con el uso de las tecnologías por parte de los docentes y su impacto en la “nota” otorgada por el Mineduc:
005

Citando al propio Ministerio de Educación, el resultado de este punto nos entrega una “asociación positiva y significativa entre la frecuencia de uso del computador en el trabajo por parte de los docentes, y mejores resultados en la evaluación”.

Suena sexy y cachilupi. Pero hace unos meses, el World Economic Forum deja en su último reporte (PDF) las grandes debilidades que presenta nuestro país (que dejo junto con el ranking otorgado):

  1. Calidad de la educación primaria (110).
  2. Matemáticas y Ciencia (107).
  3. Salud y Educación Primaria (73).
  4. Investigación y Desarrollo (64).
  5. Innovación (56).
  6. Educación Superior y Capacitación (50).

Esta clasificación, realizada en 134 países, nos deja dentro de las 25 naciones con peor desempeño en la calidad de la educación primaria. Ambos estudios son dos caras de la misma moneda, donde tenemos una progresión entre las TICs y la mejora en la educación por un lado, y por otro el paupérrimo resultado que obtuvimos en el plano de la calidad de la enseñanza.

Nuevamente salta a la palestra, ¿cómo añadir eficientemente las TICs a las aulas?

Algunos hablan de inclusión de tecnologías para los estudiantes (Luis Ramírez es un claro prócer de esta materia con la campaña UCPN), otros añaden que resulta necesario mejoras sustanciales para profesores, tanto en sueldos como en capacitación, además se plantea como necesario una mayor conectividad e incluso, permitir que profesionales ajenos a la pedagogía entren a realizar clases.

Entre tantas ideas y críticas, prefiero quedarme con una locura: necesitamos maestros.

Y no el “maestro chasquilla” o gásfiter (independiente y disculpándome quienes ejercen honradamente ese oficio…), sino personas que sean capaces de mantener la atención de pupilos durante noventa minutos.

Y Claudio Saldías da en el clavo con una sentencia: “hoy los niños aprenden viendo”.

Debido al excesivo bombardeo de información que la misma tecnología nos ha entregado y que trae como consecuencia directa la desviación de nuestra atención a otros puntos de mayor interés (y eso pasa inclusive con adultos, ¿o no han sufrido debacles productivos al tener abierto su Messenger, Facebook y LUN?), hoy las clases expositivas que usualmente se ocupan en casi todas las salas de educación, -independiente del nivel básico, secundario o superior- son anacrónicas y poco eficaces. Necesitamos profesores que comprendan que el “uso de la tecnología” no se remite a mostrar slides de un contenido reciclado de algún portal de educadores o ensayospara leerlo frente a sus alumnos, quienes se dedican a tomar apuntes y “wikipediar” trabajos. Es perentorio generar dinamismo en la sala de clases, romper la rutina del dictado/apunte para generar conocimiento en los estudiantes, a través de formas lúdicas y ad-hoc al ritmo que hoy percibimos y aprehendemos la información.

Eso no lo entregará una mayor conectividad, computadores para todos, ni la mejor tecnología del mundo. Sólo será posible gracias a un buen maestro, algo que hoy por hoy, está en franco proceso de extinción.

Privacidad en tiempos de ubicuidad

// March 16th, 2009 // 1 comentario » // Posts

Excelente broma acerca de

Hace unos cuantos meses, un conocido me planteó su inquietud sobre la captura fotográfica de él junto a su pareja en un evento público. Su postura era simple, concisa y bastante contundente:

“Yo no quiero que aquello que esté haciendo sólo o con mi pareja sea material de vista y uso público”.

En principio estuve absolutamente de acuerdo. Todos tenemos el derecho de negarnos a formar parte de un archivo fotográfico u audiovisual. Yo personalmente, también evito ese tipo de circunstancias. Pero a su vez, ¿cómo es posible cuidar “nuestra imagen” en un evento que ocurre en un lugar público y con múltiples asistentes?

Situémonos en un hipotético.

Estamos en una reunión con amigos y conocidos en un lugar público.  Como buen evento, varios querrán  hacer un registro visual (para mostrarlo en su red favorita y sin copyright, para evitar complicaciones). Podremos hacerle el quite a una que otra captura, pero no a todas. Acto seguido, aquella imagen donde salimos, debido al nivel de exposición y la redes de contacto que uno puede alcanzar (como otros invitados) seguramente causarán el etiquetado de la imagen y nuestra participación de tal evento.

El actual estado de la web nos entrega una red donde no sólo se almacena información, sino que además se vinculan y generan nuevos contenidos y conexiones. Y tomando en cuenta que nuestra presencia en la Internet también es considerada “información”, estamos sujetos a ser vinculados y que terceros generen material refiriéndose a uno. Es esa interacción lo que trae para varios el siguiente problema:

Hace unos años estábamos acostumbrados a tener niveles de separación mayor entre nuestros diversos planos vivenciales (laboral, familiar, amistades, estudiantiles). Incluso un mismo plano tenía múltiples “capas” donde estructurábamos a nuestros conocidos. En el caso de las amistades, podíamos tener amistades laborales, de colegio, de universidad, etcétera. Pero Internet -para bien y/o para mal- ha fomentado el desmantelamiento de tales “planos” y el traspaso de información entre las mencionadas capas. Gracias  a las redes sociales diversos aspectos de nuestras vidas pueden conjugarse fácilmente (en comparación a tiempos pasados), y el concepto de privacidad que otrora manteníamos hoy lo hemos perdido gracias al fenómeno de la ubicuidad, potenciado (en Chile al menos) principalmente por Facebook.

Nuevamente, es uno de los costes de la globalización. Actualmente estamos viviendo un cambio relacional y conductual de cómo establecemos nuestros patrones de privacidad. Si bien legalmente estaba pobremente relativamente estructurado los conceptos de Intimidad y Vida Privada (como lo señala un añejo pero buen paper de Matías Gazitúa, Claudio Salinas y Hans Stange), hoy es necesaria una nueva regulación sobre este tema, que muestren las directrices a seguir sobre hipotéticos y potenciales elementos que faciliten la ejecución o realización de delitos, así como nuevas formas de delitos derivadas de esta nueva forma de información disponible e  interacción con terceros. Pero saliéndome del área legal (tema que personalmente no manejo con pericia y prefiero omitir al respecto), el problema en sí no es la violación a la privacidad, sino cómo nos comportamos en lugares públicos. Es nuestra conducta con terceros y la forma en cómo nos relacionamos la piedra fundamental de cómo nuestra actual “privacidad” en espacios públicos se conforma. Y esa privacidad que antes tenían nuestros padres, ahora sólo la podremos encontrar en nuestras casas y con el computador bien apagado.